
«Hay un tiempo para vivir y otro para estar muerto», pensó mientras se frotaba los ojos para apartar el sueño. Era un conjuro que había adoptado hacía muchos años. En aquel entonces era un joven policía que patrullaba las calles de Malmö, su ciudad natal. En una ocasión, un borracho al que pretendían echar del parque Pildamm lo atacó por sorpresa con un gran cuchillo. Le hizo un corte profundo muy cerca del corazón. Por pocos milímetros se había salvado de una muerte inesperada. Tenía veintitrés años y en un segundo entendió lo que significaba ser policía. El conjuro era su manera de defenderse contra el recuerdo.
Dejó atrás la ciudad, pasó por delante de los almacenes de muebles construidos hacía poco junto a la entrada de la autovía y vislumbró el mar a lo lejos. El ambiente estaba gris, pero curiosamente sereno para ser pleno invierno. Lejos en el horizonte se divisaba un buque con rumbo al este. «Las tormentas de nieve vendrán», pensó. «Tarde o temprano las tendremos encima.»
Apagó la radio e intentó concentrarse en lo que le esperaba.
¿Qué era lo que sabía?
¿Una señora mayor atada en el suelo? ¿Un hombre que había afirmado haberla visto a través de la ventana? Pisó el acelerador después de pasar por la salida a Bjäresjö y le pareció indudable que el viejo había sufrido un ataque de demencia senil. En sus muchos años de servicio había notado más de una vez que para las personas mayores y aisladas llamar a la policía era como un grito desesperado de socorro. El coche patrulla lo esperaba en el desvío de Kadesjö. Peters había salido y estaba mirando una liebre que corría a saltos por el campo.
Al ver que Wallander se acercaba en su Peugeot azul lo saludó con la mano y se puso al volante.
La grava helada crujía bajo las ruedas. Kurt Wallander conducía detrás del coche patrulla. Pasaron la salida de Trunnerup y subieron las cuestas empinadas que llevaban a Lenarp. Se metieron por un estrecho camino rural, no más ancho que un tractor, por el que recorrieron un kilómetro. Dos granjas, una al lado de la otra, dos edificios alargados pintados de blanco y con jardines muy cuidados.
