Sideris: Verá, la esposa de Minos tuvo relaciones sexuales con un toro…

Entrevistador: ¡Prefiero no imaginarme cómo lo hizo!

Sideris: Yo tampoco. El caso es que de esa unión nació el Minotauro. Así que no podemos decir que dicho monstruo fuera exactamente hijo de Minos…

Rena: Aunque sí es cierto que fue el rey Minos quien hizo construir el Laberinto para encerrar al Minotauro.

Entrevistador: ¿Qué tenían de especial los minoicos para que nos interesen tanto hoy día?

Sideris: En primer lugar, que influyeron muchísimo en Grecia. Los griegos de la Época Clásica debían a los minoicos mucho de su arte, su religión o sus mitos.

Entrevistador: Y todos sabemos que Grecia es la cuna de Occidente…

Sideris: Así es. Eso significa que, en realidad, buena parte de lo que somos hoy día se lo debemos a los minoicos. En Creta, y sobre todo en Santorini, estamos desenterrando las verdaderas raíces de Europa y de toda la civilización occidental.

Entrevistador: Muy inspirador, doctor Sideris.

Rena: Mi ilustre colega tiene un gran talento para las frases grandiosas. Pero, por bajarnos un poco de la retórica y ceñirnos a nuestros hallazgos arqueológicos, me gustaría añadir que la cultura material de los minoicos era increíblemente avanzada para la época.

Entrevistador: ¿Puede ponerme algún ejemplo?

Rena: Claro. En sus palacios y en muchas de sus casas disfrutaban de agua corriente y de retretes, un lujo que después desapareció y sin el que hoy día no seríamos capaces de vivir.

Entrevistador (riéndose): Yo, desde luego, no.


«Debería haber sido más diplomática con Sideris en aquella entrevista», pensó Rena. Al fin y al cabo, él era su superior.

«Para eso tendría que volver a nacer», se corrigió a sí misma. No soportaba a Sideris, la exasperaban su falsa galantería, su vanidad y su afán por arrogarse todos los méritos de un equipo de más de doscientas personas.



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