El problema era que, a los cuarenta y cinco, ya era demasiado mayor como para hacerse ilusiones. Era posible que a Gabriel le quedasen otros cuarenta y cinco años de vida. Pero a esas alturas ya sabía que durante ese tiempo no iba a hacer nada importante, nada que pudiera emocionarlo. Nada que dejara la huella con la que había soñado cuando era más joven y se le daba tan bien engañarse a sí mismo como engañar a los demás. Simplemente, no le quedaban fuerzas.

Tienez un menzaje, gorunko, canturreó el teléfono con la voz de Gordimandias, el personaje más popular de una serie de dibujos animados.

09:30

dnde stas? xq no kntxtas? no se k te e exo para k te vayas asi.

eres un fraude, un puto FRAUDE, Gabriel Espada.


Era el quinto mensaje que le mandaba C en menos de media hora, por no hablar de las llamadas.

Gabriel no podía sentirse ofendido. Ella tenía razón, era un fraude y llevaba siéndolo mucho tiempo. Lo peor era que se empeñaba en engañarse a sí mismo.

Al menos, C se había ganado una despedida.


Eres una gran chica. Te mereces algo mejor y lo tendrás. No te preocupes por mí. Siempre caigo de pie.


«Sólo que cada vez caigo más abajo», añadió para sí Gabriel. Tras enviar el mensaje, entró en el servidor de Vodafone para cambiar su número. Cuando se le ofreció la opción ¿Enviar nuevo número a todos los contactos?, Gabriel eliminó de la lista el nombre de C Después borró a cuatro personas más de las que se había ido distanciando en los últimos tiempos.

Una buena forma de cortar amarras y empezar a simplificar su vida.

Cuando terminó, se sentía culpable, pero también aliviado. Durante ese tiempo no había pegado un palo al agua, y además había gastado tanto dinero que desde hacía una semana no se atrevía a consultar su cuenta bancada.



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