
Ahora, sentado en la cafetería, Gabriel decidió afrontar lo inevitable y entró en la página de su banco. En la cuenta corriente le quedaban 150 euros, más una deuda de 2.354 euros en la tarjeta de crédito. Mordisqueó el puntero del móvil (no le gustaba manchar la pantalla con los dedos). Normalmente pagaba la VISA el día 10 de cada mes, pero ahora le iba a ser imposible. Por suerte, estaba en lo que él llamaba «los días intermedios»: desde el día 5, en que el banco le cerraba el recibo de la VISA, podía disponer de todo su crédito, que era de 3.000 euros.
Transferir dinero de tarjeta de crédito a cuenta corriente.
Gabriel pulsó en Sí.
La entidad emisora de la tarjeta le cobrará un interés del 5%. ¿Está seguro?
«Qué remedio», pensó, y pulsó en Aceptar. La transferencia entre el mundo virtual del crédito y el mundo apenas un poco menos ficticio del dinero en efectivo fue instantánea. Ahora Gabriel tenía 2.550 euros, sacados de la VISA para pagar el recibo de la propia VISA que le llegaría tres días después. Una especie de canibalismo inverso. A partir del 10 se quedaría pelado y con una deuda de 2.400 euros más 120 de intereses que tendría que abonar en poco más de treinta días.
Y era de suponer que durante ese tiempo tendría que comer y pagar algún que otro recibo.
Por más que uno intente empezar de nuevo, a veces el banco no se lo permite. Marcó el número de Elena Collado, su «agente».
…
– Ése soy yo.
– …
– Sí, lo sé. Lo siento. Estaba oxigenándome. Me hacía falta.
– …
– No me encontraba bien de ánimo. Ya te he dicho que lo siento.
– …
– Pues era precisamente lo que te iba a…
