Suspiró de envidia al pensar en la mujer a la que estaría buscando aquel cachas. Sin duda una tipo Pamela Anderson. Intentó imaginarse a sí misma con aquel aspecto y tuvo que ahogar una risotada. Imposible.

Tan ensimismada estaba con aquella estúpida ensoñación que le llevó unos segundos darse cuenta de que el vaquero había dejado de caminar, y que en ese momento estaba justo delante de ella; y de que ella le estaba mirando directamente la entrepierna.

Muerta de vergüenza, Lexie alzó la barbilla rápidamente mientras daba las gracias para sus adentros al que hubiera inventado las gafas de sol. Al mirarlo se reafirmó en su idea de que aquel hombre era muy guapo. No poseía una belleza clásica; sus facciones eran demasiado duras. Pero sin lugar a dudas sus ojos marrones, sus pómulos altos, sus labios firmes y carnosos y su mandíbula cuadrada combinaban para crear un rostro tremendamente atractivo. Además era grande y alto, musculoso y firme. Lexie no pudo evitar darse cuenta enseguida de que no era inmune a su patente virilidad.

Él le miró un momento la gorra y después continuó paseando la mirada por el resto de ella. De pronto Lexie se sintió tremendamente consciente de su aspecto, de que tenía el pelo todavía húmedo y de la gorra vieja que llevaba. Por no mencionar el hecho de que de repente se le habían puesto duros los pezones.

Antes de que pudiera cruzarse de brazos, él se tocó el ala del sombrero y se dirigió a ella:

– Usted debe de ser Lexie Webster -dijo con una voz profunda y sexy.

Antes de que pudiera contestar, el vaquero continuó.

– Tim, el recepcionista, me dijo que buscara a una chica junto a la piscina con una camiseta que dijera «Directora de Actividades y Deportes» -bajó la vista de nuevo, fijándose en las palabras que llevaba en la camiseta, y seguidamente volvió a mirarla a la cara-. Creo que es usted.



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