
Lexie aspiró hondo. Darla tenía razón. Ya era hora de tomarse un respiro y solazarse un poco. Desde que había roto con Tony hacía casi un año, había vivido como una monja.
Y no era una monja, sino una mujer de veintiocho años que necesitaba divertirse. Y gracias al sermón de Darla, estaba lista para lanzarse.
Lexie le estrechó la mano a Darla.
– Trato hecho.
Capítulo Uno
Josh Maynard observó desaparecer el taxi que acababa de dejarlo en su destino. La correa de lona de la bolsa se le clavaba en el hombro. Se echó un poco hacia atrás su sombrero texano favorito y miró a su alrededor con atención.
Vaya. Desde luego ya no estaba en Montana. No había ni una montaña ni un árbol a la vista. Ante sus ojos se extendía una llanura verde y un sinfín de palmeras que se perdían en un cielo azul sin nubes. Y Dios, qué calor hacía. Y qué humedad. El aire húmedo y cargante de Florida lo rodeó como una manta mojada.
Se volvió hacia el hotel que sería su hogar durante las tres semanas siguientes. Complejo Turístico Whispering Palms, rezaban unas letras azul turquesa sobre un fondo blanco de estuco. A los lados de la entrada flores moradas y anaranjadas adornaban los enrejados de madera, y cientos de flores y arbustos salpicaban el césped de aquellos terrenos tan bien cuidados.
Pero aquel complejo era algo más que un lugar bonito; y por eso lo había escogido. Según lo que había encontrado en Internet y lo que le habían contado en la agencia de viajes, el Complejo Whispering Palms presumía de tener el programa de actividades acuáticas más amplio de la región. Y el personal era profesional, con impresionantes credenciales.
Le gustaba además que el complejo estuviera algo apartado; lo suficientemente cercano a Miami para resultar conveniente y al mismo tiempo lo bastante alejado de todo el barullo. También le había llamado la atención que fuera un lugar más pequeño; no había querido uno de esos hoteles grandes con miles de habitaciones.
