– ¿Le pasa a usted algo en los oídos? -preguntó-. Si sigue hablándome a gritos no voy a entender nada.

Me eché a reír y hablé con voz normal.

– Perdone -dije-. No sabía si oía usted bien.

– Oigo perfectamente. Tengo ochenta y ocho años y no puedo dar un paso sin ayuda, pero no me ocurre nada en los oídos. Los treinta timbrazos que usted dice los he oído a través del tabique; me hubiera dado un ataque de nervios si hubieran continuado.

– ¿Sabe si está Pat Usher? Acabo de hablar con el administrador del edificio y me ha dicho que sí.

– Desde luego que está. Lo sé porque hace unos momentos he oído que daba un portazo. ¿Y qué es lo que quiere usted, si no es impertinencia preguntarlo?

– Bueno, en realidad quiero localizar a Elaine Boldt, pero tengo entendido que no ha ido este año.

– Es verdad y me sentí muy desilusionada. Ella, yo, Ida Rittenhouse y la señora Wink solemos jugar al bridge por parejas, pero no hemos podido jugar ni una sola partida desde las navidades. Ida no soporta estas cosas y se pone muy alterada.

– ¿Tiene usted idea de dónde puede estar la señora Boldt?

– No, y tengo la impresión de que la mujer que vive en su apartamento está a punto de mudarse. Las normas de la comunidad no permiten tener inquilinos y me sorprendió que Elaine lo hiciera. Nos quejamos en firme en la reunión de propietarios y creo que el señor Makowski le ha dicho que desaloje el piso. La mujer se niega, como es lógico, porque dice que el contrato que firmó con Elaine no vence hasta fines de junio. Si quiere hablar con ella personalmente, le sugiero que venga cuanto antes. La he visto subir con cajas de la tienda de licores y sospecho que… bueno, la verdad es que deseo que esté haciendo el equipaje en este momento.



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