
"Allá vamos, Arabella," refunfuñó. "Si te las apañas para mantener esta postura tan incómoda durante otros cuarenta y cinco minutos, no deberías tener ningún problema para terminar con el libro. "
"Aunque, por supuesto, para entonces, sus músculos faciales estarán bastante agarrotados," dijo una voz tras ella, arrastrando las palabras.
Belle dejó caer el libro y giró la cabeza. Unos metros más allá un caballero estaba parado de pie, ataviado con un informal, aunque elegante, atuendo. Su pelo era de un brillante y profundo tono castaño y sus ojos eran exactamente del mismo color. La contemplaba a ella y a su solitario picnic con expresión divertida, y su perezosa postura indicaba que llevaba en esa posición algún tiempo. Belle lo fulminó con los ojos, sin que se le ocurriera nada que decir, pero esperando que su desdeñosa mirada lo pusiera en su lugar.
No funcionó. De hecho, él pareció incluso más divertido. "Necesita gafas," dijo, en cambio.
"Y usted ha traspasado el límite de la propiedad," replicó ella.
"¿Si? Más bien creo que ha sido usted quien lo ha cruzado. "
"Estoy segura de que no. Esta tierra pertenece al Duque de Ashbourne. Mi primo." añadió, para enfatizarlo.
El forastero señaló hacia el Oeste. "Aquella tierra pertenece al Duque de Ashbourne. El límite está en aquella roca de allí. Así que es usted quien está en propiedad privada. "
Belle entrecerró los ojos y colocó un mechón de su ondulado cabello rubio detrás de su oreja. "¿Está seguro?”
"Absolutamente. Soy consciente de que las propiedades de Ashbourne son enormes, pero no son infinitas. "
