"Sentido común. "

Alex soltó una carcajada. "Algo de lo que me temo he carecido estos últimos meses, pero supongo que eso es lo que el amor le hace a un hombre. Escucha, ¿por qué no vienes a cenar a casa pronto? Le hablé a mi esposa sobre ti, y está impaciente por conocerte. Y, por supuesto, ya conoces a Belle. "

"Me gustaría," dijo John. Y en una rara muestra de emoción, añadió, "Creo que será muy agradable tener algunos amigos en la zona. Gracias por venir a visitarme. "

Alex miró a su viejo amigo atentamente, y por un instante vio lo realmente aislado y triste que John estaba. Pero un segundo más tarde, John veló su mirada, y su expresión adoptó su impenetrabilidad habitual. "Muy bien, entonces," dijo Alex cortésmente. "¿Qué te parece dentro de dos días? No seguimos el horario de la ciudad aquí, así que probablemente cenaremos sobre las siete."

John asintió.

"Excelente. Te veremos entonces." Alex se levantó y estrechó la mano a John. "Me alegro de que nuestros caminos se hayan cruzado de nuevo. "

"Yo también." John escoltó a Alex desde la casa hasta los establos donde le aguardaba su caballo. Con una amistosa inclinación de cabeza, Alex montó y se alejó cabalgando.

John regresó despacio a casa, sonriendo para si mismo cuando alzó la vista para contemplar su nuevo hogar. Cuando entraba en el vestíbulo, Buxton lo interceptó.

"Ha llegado esto para usted, milord, mientras conversaba con su Excelencia. " Tendió a John una carta en una bandejita de plata.

John alzó las cejas mientras desplegaba la nota.

Qué extraño. John dio la vuelta al sobre en su mano. Su nombre no aparecía escrito en ninguna parte. "¿Buxton? " llamó.

El mayordomo, que había empezado a caminar en dirección a la cocina, giró y regresó al lado de John.

"Cuándo esto llegó, ¿qué dijo el mensajero?”

"Solamente que tenía una carta para el dueño de la casa. "



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