Spencer se levantó repentinamente. "Tengo que ir a mear. "

John lo vio marcharse y volvió a su cena. No había tomado más de tres bocados antes de que la madre de Ana apareciera junto a la mesa.

“Señor Blackwood," dijo, hablando en una mezcla de inglés y español que sabía que él entendía. "Ese hombre… él toca a mi Ana. Eso debe parar. "

John parpadeó un par de veces, tratando de aclarar su mente de la neblina alcohólica. "¿Ha estado molestándola mucho tiempo?”

"Toda la semana, Señor. Toda la semana. A ella no le gusta. Tiene miedo. "

John sintió la repugnancia revolviendo el contenido de su estómago.

"No se preocupe, Señora," la tranquilizó. "Me aseguraré de que la deja en paz. Ella estará a salvo de mis hombres. "

La mujer hizo una inclinación de cabeza. "Gracias, señor Blackwood. Sus palabras me consuelan. “Volvió a la cocina donde, supuso John, pasaría el resto de la noche trabajando.

Él volvió a concentrarse en su comida, sirviéndose otro vaso de whisky junto con ella. Más y más cerca del olvido. Lo ansiaba estos días. Lo que fuera para borrar de su mente la muerte y los moribundos.

Spencer volvió, limpiándose las manos con un trapo. "¿Todavía comiendo, Blackwood? " preguntó.

"Siempre has tenido cierta inclinación por declarar lo obvio. "

Spencer frunció el ceño. "Come tus gachas entonces, si eso es lo que te apetece. Me marcho en busca de diversión. "

John alzó una ceja como si dijera, "¿Aquí?”

"Me parece que este lugar tiene posibilidades." Los ojos de Spencer brillaron cuando se pavoneó escaleras arriba, alejándose de su vista.

John suspiró, contento de librarse de ese hombre que siempre era una molestia. Nunca le había gustado Spencer, pero era un buen soldado, e Inglaterra necesitaba a todos los que pudiera reclutar.



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