
Era pequeña para los estándares de la aristocracia, pero tenía estilo y obviamente era de sólida construcción. Esto la satisfizo. Belle sonrió e impulsó a su yegua a avanzar. No vio ningún establo, así que se ocupó de su caballo ella misma, atándolo a un árbol. La criada de Emma hizo lo mismo. "Lo siento, Ámbar," murmuró Belle y luego suspiró y se dirigió hacia los escalones delanteros.
Tomo en la mano la gigantesca aldaba de cobre y la dejó caer con un ruidoso golpe. Momentos después, un anciano de cabellera plateada abrió la puerta. Belle supuso que era el mayordomo. "Buenos días," dijo, en tono cultivado. "¿Es esta la residencia de Lord Blackwood?"
El mayordomo alzó una ceja. "Lo es."
Belle le ofreció su sonrisa más deslumbrante. "Excelente. Por favor, infórmele de que Lady Arabella Blydon ha venido a visitarlo."
Buxton no dudó ni por un momento de que ella era una dama, con su elegante ropa y su acento aristocrático. Con un regio asentimiento, la acompañó a un ventilado cuarto decorado en tonos crema y azul.
Belle permaneció silenciosa mientras veía al mayordomo desaparecer escaleras arriba. Entonces se giró hacia a la criada de Emma y le dijo, "Quizás deberías ir, ah, a las cocinas y ver si hay algún, ah, otros criados allí. "
Los ojos de la criada se abrieron ligeramente al ser despedida, pero asintió con la cabeza y abandonó la habitación.
John estaba todavía en la cama cuando el mayordomo llegó a su puerta, habiendo decidido regalarse un muy necesario descanso. Buxton entró silenciosamente, y después acercó su boca mucho, mucho al oído de su señor. "Tiene un invitado, milord," dijo en voz alta.
John sacudió al mayordomo con una almohada y de mala gana despertó. "¿Un qué?" preguntó, medio dormido aún.
