
"Un invitado."
"¡Dios mío! ¿Qué hora es? "
"Las nueve, milord. "
John salió tambaleándose de la cama y agarró una bata para cubrir su cuerpo desnudo. "¿Quién demonios viene a hacerme una visita a las nueve de la mañana?"
"Lady Arabella Blydon, milord. "
John giró en redondo de la sorpresa. "¿Quién?"
"Creo que dije lady… "
"Ya oí lo que dijo," estalló John, su mal genio avivado por su muy poco ceremonioso despertar. "¿Y qué demonios hace ella aquí?”
"No puedo contestar a eso, milord, pero preguntó por usted. "
John suspiró, pensando en cuando comprendería Buxton que no todas sus preguntas requerían una respuesta. Suspiró de nuevo. Ni por un momento dudó que el astuto y anciano mayordomo sabía perfectamente que la pregunta de John había sido retórica. "Supongo que debo vestirme," dijo finalmente.
"Esa parece una suposición acertada, milord. Me tomé la libertad de informar a Wheatley de que usted necesitaría de sus servicios. "
John giró y se dirigió a su vestidor. Como Buxton, el ayuda de cámara venía con la casa también, y John tenía que confesar que no era difícil acostumbrarse al lujo. En poco tiempo, lucía un ajustado pantalón color canela, una almidonada camisa blanca, y una chaqueta azul marino. Deliberadamente ignoró el pañuelo. Si a lady Arabella le resultaba imprescindible que llevara pañuelo, no debería haber venido de visita a las nueve de la mañana.
Se salpicó un poco de agua sobre la cara y después se pasó las manos mojadas por su rebelde pelo, tratando de disimular el aspecto de recién levantado.
"Caray," refunfuñó. Todavía parecía medio dormido. Infiernos, ¿a quién le importaba? Bajó.
Buxton lo interceptó en el vestíbulo. "Lady Arabella le espera en el salón verde, milord. "
John inspiró profundamente, tratando de no demostrar su exasperación. "¿Y cuál es ese, Buxton?"
El mayordomo le dirigió una sonrisa divertida y extendió el brazo. "Justamente ahí, milord. "
