
"¿Y cómo ha llegado a tal conclusión, si puedo preguntar?"
"Me acabo de dar cuenta."
Tenía en la punta de la lengua preguntarle si también se había dado cuenta de que la deseaba muchísimo. ¿Lo sabría? Quizás. Él mismo estaba bastante sorprendido por la fuerza de su reacción. Ayer, había resultado una visión encantadora bajo el árbol, pero hoy, frente a sus ojos todavía ligeramente soñolientos, era una diosa.
"No tiene por que parecer tan impresionado por mi perspicacia," se burló Belle.
Una diosa con una lengua muy afilada.
"Usted," dijo John enérgicamente, "debería recibir unos azotes. "
"Espero que no tenga intención de ponerse manos a la obra ahora mismo. Estoy muy encariñada con mi trasero." ¡Dios mío!, se preguntó Belle, ¿cuándo se había vuelto tan osada? Echó un vistazo al rostro furioso de él.
La traidora mente de John decidió que a él también le gustaría mucho, muchísimo, encariñarse con el trasero de ella, y entonces su cuerpo aún más traidor reaccionó violentamente ante la idea. ¿En qué demonios estaba pensando esta chiquilla? Tan solo se podía empujar a un hombre hasta cierto punto. De todos modos, no podía negar que sus palabras tenía un fondo de verdad. Ella le gustaba. Así que, tratando de llevar la conversación lejos de aguas peligrosas, dijo deliberadamente, "Tiene razón. No se me da muy bien la charla cortés. "
Belle captó la indirecta. Sonrió encantadoramente y dijo, "Yo no me preocuparía excesivamente. Todavía tengo esperanzas con usted. "
"Imagine mi alivio. "
"Disminuyen por segundos," dijo ella, apretando los dientes.
John la contempló mientras masticaba un pedacito de bollo. De alguna manera lograba parecer inocente y deseable al mismo tiempo. Dios le ayudara, ya se estaba abriendo camino en la coraza protectora que había erigido a su alrededor hacía años. Seguramente no merecía la clase de tratamiento que le había estado dispensando. Tragó el bocado que tenía en la boca y despacio y deliberadamente se limpió con una servilleta, se levantó, y tomó su mano.
