John tomó un bollo y extendió generosamente mermelada de fresas en él. "Qué desafortunado para usted. "

"¿No le gusta Londres?”

"No particularmente. "

"Oh. " Y qué se suponía que debía decir a continuación, se preguntó Belle. Pasó un minuto entero, y era dolorosamente consciente de las especulativas y divertidas miradas que John lanzaba en su dirección. "Bien", dijo ella, finalmente. "Veo que no me mintió ayer. "

Aquel comentario atrajo la atención de John y alzó la vista de forma inquisitiva.

"Es usted realmente terrible manteniendo una charla trivial. "

Él soltó una carcajada. "Nadie podría acusarla de no ser astuta, milady. "

Belle dejó pasar el comentario, al no estar completamente segura de que hubiera sido hecho como un elogio. Mientras lo recorría con la mirada recordó la conversación del día anterior. Durante un momento, al menos, habían disfrutado de la compañía del otro. Habían hablado de Shakespeare, y sí, incluso habían bromeado un poco.

Él se había comportado de forma diferente entonces, casi infantil. Es decir hasta que se había puesto en guardia. Belle tenía la sensación de que alguien había herido profundamente a este hombre en el pasado. Eso no significaba, sin embargo, que fuera a permitirle que lo pagara con ella.

Notaba algo especial en él, algo magnifico y deslumbrante y muy, muy bueno. Y quizás lo único que necesitaba era que alguien se lo recordara. No encontró razón alguna por la que no lanzar la precaución al viento y tratar de ofrecerle su amistad a pesar de todos los obstáculos que él interponía en su camino. Cruzándose de brazos, dijo, "Puede continuar hablando en ese tono arrogante si lo desea, pero no funcionará. "

John alzó una ceja.

"O simplemente podría aceptarlo." declaró Belle, sencillamente. "Le gusto. "

Para total consternación de John, su taza de café golpeó ruidosamente contra su platillo. "¿Qué ha dicho?”

"Le gusto." Belle ladeó la cabeza, asemejándose a un gato que acababa de disfrutar de un enorme tazón de nata.



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