
John notó el color de sus mejillas y se sintió endemoniadamente curioso respecto a qué escandaloso pensamiento podía hacerla ruborizar después de haberse presentado con todo descaro en su casa a las nueve de la mañana. No tenía ningún deseo de avergonzarla preguntándoselo, sin embargo, así que simplemente dijo, "No. No dispongo de los fondos necesarios."
Belle se recostó en su silla, sorprendida por su franqueza. "Bueno, eso no importa," trató de bromear. "La mitad de la aristocracia tampoco los tiene. La mayoría simplemente se las arreglan para ser invitado todas las noches a una fiesta y así no tener que pagar nunca su comida."
"Nunca he sido de los que asisten a una fiesta cada noche. "
"No, no creí que lo fuera. Yo tampoco soy de esa clase."
"¿De verdad? Habría creído que usted sería la reina del baile
Belle sonrió irónicamente. "No seré falsamente modesta diciendo que no he disfrutado de un moderado éxito social… "
John rió entre dientes ante su cuidadosa elección de palabras.
"Pero debo confesar que empiezo a cansarme de la Temporada. "
"¿Es eso cierto?”
"Sí. Pero supongo que tendré que volver el próximo año."
"¿Por qué asiste si lo encuentra tan aburrido?"
Ella hizo una mueca. "Una tiene que encontrar marido, después de todo."
"Oh," fue todo lo que John dijo.
"No es tan fácil como pueda pensar."
"No puedo imaginar que encontrar marido sea demasiado difícil para usted, Lady Arabella. Debe saber que es sumamente hermosa."
Belle enrojeció de placer ante su elogio. "Tuve algunas ofertas, pero ninguna era adecuada."
"¿Poco dinero?"
Esta vez cuando Belle enrojeció, fue de horror. "Tomo eso como una ofensa, Lord Blackwood."
"Lo siento, pensé que así era como funcionaban las cosas."
