Ella se giró, con expresión preocupada. "¿Sucede algo?"

"No es prudente por su parte frecuentar mi compañía."

"¿Qué quiere decir? "

"No vuelva aquí otra vez. "

"Pero si acaba de decir… "

"Dije no vuelva otra vez. Al menos no sola. "

Ella parpadeó. "No sea ridículo. Suena como un héroe de novela gótica. "

"No soy un héroe," dijo él enigmáticamente. "Haría bien en recordar eso. "

"Deje de burlarse de mí." Su voz careció de convicción.

"No lo hago, milady." Él cerró los ojos, y durante una fracción de segundo una expresión de agonía nubló sus rasgos.

"Hay muchos peligros en este mundo de los que no sabe nada. De los que nunca debería saber nada," añadió él severamente.

La criada llegó al vestíbulo.

"Debería irme," dijo Belle rápidamente y bastante nerviosa.

"Sí."

Dio media vuelta y huyó escalones abajo, hacia su caballo. Montó ágilmente y se alejó por sendero que llevaba a la carretera, sumamente consciente de los ojos de John clavados en su espalda durante todo el recorrido.

¿Qué le había pasado? Si ya antes Belle se había sentido intrigada por su nuevo vecino, ahora se sentía vorazmente curiosa.

Su humor cambiaba como el viento. No entendía como podía bromear tan dulcemente con ella un momento y parecer tan siniestro y amenazador al siguiente.

Y no podía evitar la certeza de que él, de alguna manera, la necesitaba. Necesitaba a alguien, eso estaba claro. Alguien que pudiera borrar el dolor que asomó a sus ojos cuando creyó que nadie lo miraba.

Belle enderezó los hombros. Ella nunca había sido de las que se echan atras ante un desafío.

Capítulo Cuatro

Belle se sintió acosada por pensamientos sobre John durante el resto del día. Se acostó temprano, esperando que una noche de sueño reparador le brindara una nueva perspectiva. Pero el sueño la eludió durante horas, y cuando por fin consiguió dormirse, John apareció en sus sueños con alarmante persistencia.



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