Algunos caballeros habían sido completamente inadecuados, pero la mayoría eran buenos partidos, bien relacionados y bastante agradables. Pero sencillamente no quería aceptar a un hombre por el que no sintiera algo profundo. Y ahora que había vislumbrado lo feliz que era su prima, sabía que le sería muy difícil conformarse con algo menos que lo que anhelaba en sus más salvajes sueños.

Espoleó su caballo a medio galope cuando la lluvia comenzó a intensificarse. Eran casi las tres, y sabía que Emma tendría el té preparado para cuando regresara. Había estado alojándose con Emma y su marido Alex durante tres semanas. Unos meses después de la boda de Emma, los padres de Belle habían decidido tomarse unas vacaciones en Italia. Ned, su hijo, había regresado a Oxford para el último curso, así que no era necesario vigilarlo y Emma estaba felizmente casada. Sólo quedaba Belle, y puesto que Emma era ahora una dama casada, era un acompañante perfectamente respetable, así que Belle se marchó al campo para quedarse con su prima.

Belle no podía imaginar un arreglo más agradable. Emma era su mejor amiga, y después de todas las diabluras que habían hecho juntas, era bastante divertido tenerla como chaperona.

Suspiró con alivio cuando subió una colina y Westonbirt se perfiló sobre el horizonte. El enorme edificio era muy elegante y bello, con largas y estrechas filas de ventanas recorriendo la fachada. Belle comenzaba a pensar en él como el hogar.

Se dirigió a los establos, entregó las riendas de su yegua a un mozo, y se lanzó a una alocada carrera hasta la casa, riéndose mientras intentaba esquivar las gotas de lluvia que habían incrementado furiosamente su ritmo. subió la escalinata delantera, pero antes de que pudiera empujar la pesada puerta para entrar, el mayordomo la abrió con un floreo.

"Gracias, Norwood," dijo. "Debe haber estado vigilándome."



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