
El conde se sentía vagamente culpable. Sabía que todo el mundo, desde el último criado hasta el más lejano vecino, creía que iba a ser un baile de petición de mano. Aunque no había dicho ni una palabra a nadie sobre sus intenciones, parecía ser del conocimiento general. Y él sabía que el vizconde de Gleam estaba esperando que lo llamara aparte para hablar de las condiciones del enlace y que la señorita Hopkins esperaba que él se le declarase en cualquier momento.
Pero el conde no las tenía todas consigo. La visita había sido un éxito. La honorable muchacha era exactamente como él había esperado que fuera. Y ahora que había llegado el momento, era incapaz de dar el último e irrevocable paso.
Porque hasta el momento no se había comprometido de ninguna manera. A pesar de que todos lo esperaban, no estaba obligado a ello, no había por medio ninguna cuestión de honor.
No tenía que casarse necesariamente con la señorita Hopkins. Pero no sabía por qué dudaba. Sabía que había llegado el momento de cambiar de estado. Necesitaba y quería hijos. Ella era la elegida perfecta en todos los aspectos.
«Debería usted casarse con una mujer que sepa hacerle compañía.»
Laura Melfort era demasiado impertinente y lenguaraz para ser una institutriz. La muy remilgada se había atrevido incluso a reprocharle la moralidad de su lenguaje. Claro que tampoco había sido muy caballeroso de su parte; habría tenido que ser más educado. ¡Había estudiado latín y griego, por el amor de Dios! ¡Y matemáticas! Y tenía unos ojos que le daban miedo porque no parpadeaban delante de los suyos, sino que los miraban con franqueza e incluso llegaban más allá, a lo más profundo de su ser.
Le había dicho que cuando Beatrice volara del nido, la retendría a su servicio con una ocupación u otra. ¿Estaba loco? Si ella vivía bajo su mismo techo, él nunca aparecería por la casa. En aquel momento se juró que partiría inmediatamente después que sus invitados y que no regresaría hasta que Beatrice ya no necesitara institutriz. No podía vivir con una tentación semejante en la casa.
