Ella sonrió. -Por supuesto que puedes.

– No, es más que eso. Nada de lo que diga suena extraño. Incluso con mis amigos más cercanos no puedo ser completamente yo mismo. Por ejemplo, -De repente se levantó de un salto. -¿No resulta sorprendente que los seres humanos puedan balancearse en sus pies?

Victoria intentó incorporarse, pero su risa la forzó hacia abajo.

– Piense en ello-, dijo, meciéndose con la punta del talón. -Mira tus pies. Son muy pequeños en comparación con el resto de ti. Uno podría pensar que te caerías cada vez que intentas ponerse de pie.

Esta vez, ella fue capaz de sentarse, y ella observó detenidamente a sus propios pies. -Supongo que tienes razón. Es bastante asombroso.

– Nunca he dicho eso a nadie, -dijo. -Lo he pensado toda mi vida, pero yo nunca se lo dije a nadie hasta ahora. Supongo que temía que la gente creyera que fuera una estupidez.

– Yo no creo que seas estúpido.

– No- Él se agachó junto a ella y le tocó la mejilla. -No, suponía que no.

– Creo que eres brillante por haber, siquiera, considerado la idea, -dijo ella con lealtad.

– Torie. Torie. No sé cómo decir esto, y ciertamente no lo entiendo, pero creo que te amo.

Ella volteó su cabeza para mirarlo.

– Yo que te amo-dijo con mayor fuerza. -Nada como esto me había sucedido antes, y que me condenen si me dejara regir por la precaución.

– Robert-ella susurró. -Creo que también te amo.

Él sintió el aliento abandonar su cuerpo, se sintió superado por una felicidad tan poderosa que no podía estarse quieto. Tiró de ella obligándola a parase. -Dímelo otra vez.

– Te amo.- Ella estaba sonriendo ahora, atrapada en la magia del momento.

– Una vez más.

– Te quiero-, fueron las palabras mezcladas con la risa.

– Oh, Torie, Torie. Te haré muy feliz. Te lo juro. Quiero darte todo.

– ¡Yo quiero la luna!-, Gritó de repente creyendo que tal fantasía eran en realidad posible.



14 из 275