– Yo tenía siete años. Mi madre murió al dar a luz.

El rostro suave de Victoria se suavizó aún más. -Lo siento mucho. Apenas tuviste la oportunidad de conocerla, y has perdido un hermano. ¿Fue un hermano o una hermana?

– Una hermana. Mi madre vivió lo suficiente para llamarla Anne.

– Lo siento.

Sonrió con melancolía. -Recuerdo lo que se sentía cuando ella me abrazaba. Mi padre le decía que estaba malcriando, pero ella no le hacía caso.

– El doctor dijo que mi madre tenía cáncer-. Victoria tragó dolorosamente. -Su muerte no fue pacífica. Me gusta pensar que ella está en algún lugar allá arriba -, señaló con la cabeza hacia el cielo-, donde ella no tiene ningún tipo de dolor.

Robert tocó su mano, profundamente conmovido.

– Pero a veces todavía la necesito. Me pregunto si alguna vez dejaré de necesitar a nuestros padres. Y hablo con ella. Y espero por ella.

– ¿Qué quieres decir?-, Preguntó.

– Vas a pensar que soy tonta.

– Sabes que yo nunca pensaría eso.

Hubo un momento de silencio, y luego Victoria dijo: -Oh, digo cosas como: “Ma si está escuchando, y deja que el viento mueva las hojas de esa rama”. O, “Mamá, si me estás viendo, haz que el sol se oculte detrás de esa nube. Sólo para saber que estás conmigo.

– Ella está contigo-, le susurró Robert. -Lo puedo sentir.

Victoria se acurrucó en la cuna de sus brazos. -Nunca he hablado a nadie sobre eso. Ni siquiera Ellie, y sé que ella echa de menos Mama tanto como yo.

– Tú siempre serás capaz de decirme todo.

– Sí-dijo ella alegremente, -Lo sé.


* * *

Era imposible mantener su noviazgo sin que el padre de Victoria se enterara. Robert llamaba a la casa del vicario casi todos los días. Le dijo al vicario que le estaba enseñando a montar Victoria, que era técnicamente la verdad, como cualquier persona que la vio cojeando por la casa después de una lección podía dar fe.



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