
Victoria trató de humedecer su garganta, que se le había secado bastante. Él la había besado cien veces antes. Mil, posiblemente. ¿Por qué de repente le pedía permiso?
Cuando su lengua perezosa dibujó un círculo alrededor de su pezón, ella se dio cuenta el porque. -¡Oh, Dios mío!- gritó, sin apenas poder creer lo que estaba haciendo. -¡Ah, Robert!
– Te necesito, Torie.- Hundió la cara entre sus pechos. -No puedes imaginarte cómo te necesito.
– Yo-Yo creo que debes parar-, dijo. -No puedo hacer esto… Mi reputación… -No tenía idea de como poner sus pensamientos en palabras. La advertencia de su padre sonó sin cesar en los oídos. Él te va a utilizar y luego a desechar.
Vio la cabeza de Robert en el pecho. -¡Robert, no!
Robert respiró agitadamente tratando de cerrar el corpiño. Trató de abotonarlo, pero sus manos temblaban.
– Yo lo haré-, dijo Victoria y se volvió rápidamente para que él no viera lo colorada que estaba. Sus dedos también temblaban, pero resultó ser más ágil, y, finalmente, logró recuperar algo de su compostura.
Pero él vio sus mejillas sonrosadas, y casi se sintió morir al pensar que estaba avergonzada de su comportamiento. -Torie-, dijo en voz baja. Cuando ella no se volvió usó dos dedos para empujar suavemente la barbilla hasta que ella lo miró.
Tenía los ojos brillantes por las lágrimas.
– Oh, Torie-, dijo él, queriendo tenerla desesperadamente en sus brazos, pero se conformó con tocarle su mejilla. -Por favor, no te reproches.
– No debería haberte dejado.
Él sonrió suavemente. -No, probablemente no debería haberlo hecho. Y yo probablemente no debería haberlo intentado. Pero estoy enamorado. Aunque no es excusa, pero no pude evitarlo.
– Ya lo sé-susurró-. Pero yo no debería haberlo disfrutado tanto.
Robert soltó una carcajada tan alta que Victoria estaba segura que Ellie se les vendría encima para investigar. -Oh, Torie-, dijo, con respiración jadeante. -No te culpes por disfrutar de mi contacto. Por favor.
