
Victoria intentó dispararle una mirada de amonestación, pero la mirada masculina era demasiado caliente. Dejó que su buen humor subiera de nuevo a la superficie. -Con tal de no pedir disculpas por disfrutar de la mía.
Él tomó su mano y la atrajo hacia sí en un instante. Sonrió seductoramente, viéndose como el seductor que Victoria, una vez, le había acusado de ser. -Eso, mi querida, nunca ha sido un peligro.
Ella se rió en voz baja, sintiendo la tensión de su cuerpo apaciguarse. Ella se movió, colocando su espalda contra el pecho masculino. Él se distrajo jugando con su pelo, sintiéndose como en el cielo.
– Nos casaremos pronto.- Susurró, sus palabras vinieron con una urgencia que no esperaba.-Nos casaremos pronto, y entonces yo te mostraré todo. Te voy a demostrar cuánto te amo.
Victoria se estremeció de anticipación. Él estaba hablando sobre su piel, y ella podía sentir su aliento cerca de su oído.
– Nos casaremos-, él repitió. -Tan pronto como nos sea posible. Pero hasta entonces no quiero que te sientas avergonzada de lo que hemos hecho. Nos amamos, y no hay nada más hermoso que dos personas que expresan su amor. -Él le dio la vuelta hasta que sus ojos se encontraron. -Yo no lo sabía que antes de conocerte. -tragó audiblemente. -Yo he estado con mujeres, pero no lo sabía.
Profundamente conmovida, Victoria le tocó la mejilla.
– Nadie nos va a detener para amarnos antes de que estemos casados-, continuó.
Victoria no estaba seguro de si “amar” se refería a lo espiritual o a lo físico, y todo lo que se le ocurrió decir fue: -Nadie, excepto mi padre.
Robert cerró los ojos. -¿Qué ha dicho?
– Me advirtió que no te viera más.
Robert maldijo en voz baja y abrió los ojos. -¿Por qué?-Preguntó, con voz que salía un poco más dura de lo esperado.
