El marqués no dijo nada. Entonces se echó a reír. Pasaron varios minutos antes que él pudiera exclamar, -¡Dios mío, hijo, me habías asustado por un momento! La hija de un vicariota has superado con esto.

– Estoy hablando en serio, Señor-, Robert de suelo.

– Un vicario… je, je… ¿Qué has dicho?

– He dicho que estoy hablando en serio. -Hizo una pausa. -Señor.

Castleford se quedó mirando a su hijo, buscando desesperadamente un tono de broma en su expresión. Cuando se encontró ninguno sencillamente gritó, -¿Estás loco?

Robert se cruzó de brazos. -Estoy completamente cuerdo.

– Yo lo prohíbo.

– Disculpe, señor, pero no veo cómo me lo puede prohibir. Soy mayor de edad. Y… -, añadió en el último momento, la esperanza de atraer más suave junto a su padre:- estoy enamorado.

– ¡Carajo, hijo! Te voy a desheredar.

Al parecer, su padre no tenía un lado más suave.

Robert alzó una ceja y prácticamente sintió que los ojos de azul claro a gris acero.

– Hágalo.-Dijo con indiferencia.

– ¿Hágalo?- Castleford farfulló. -¡Te cortaré hasta tus pantalones! ¡No te quedará ni un céntimo! Te dejaré sin…

– Lo que hará es quedarse sin heredero.- Robert sonrió con una férrea determinación que nunca había sabido que poseía. -¡Qué desgracia para usted que madre nunca fuera capaz de darle otro hijo! Ni siquiera una hija.

– ¡Tú! ¡Tú! -El marqués empezó a enrojecer de ira. Tomó unas cuantas respiraciones profundas y continuó de manera más tranquila. -Tal vez tú no ha reflexionado adecuadamente sobre lo inadecuada que esta muchacha resulta.

– Ella es perfectamente adecuadas, señor.

– Ella no lo es…- Castleford se contuvo al darse cuenta que estaba gritando de nuevo. -Ella no sabe cómo cumplir con los deberes de una mujer noble.

– Ella es muy brillante. Y no se puede encontrar ninguna falta en sus modales. Ha recibido una educación adecuada. Estoy seguro que será una condesa excelente. -La expresión de Robert se suavizó. -Su propia naturaleza traerá honor a nuestro nombre.



26 из 275