
– Es mi decisión, no la tuya y yo te elijo a ti.
Victoria sintió que las lágrimas le picaban en los ojos. Nunca se hubiera imaginado que le hiciera perder tanto a Robert. Y ella sabía lo importante que era para él, el respeto de su padre. Había trabajado toda su vida para impresionarlo, tratando arduamente y siempre le faltaba algo. -Tienes que prometerme una cosa.-Susurró.
– Cualquier cosa, Torie. Sabes que haría cualquier cosa por ti.
– Tú me tienes que prometer que vas a intentar hacer las paces con su padre después de que nos casemos. -Ella tragó saliva y casi sin poder creer que ella estaba poniendo una condición en la aceptación de su propuesta. -No me casaré contigo a menos que lo hagas. Yo no podría vivir conmigo misma sabiendo que soy la causa de la ruptura.
Una extraña expresión cruzó el rostro de Robert. -Torie, él es el más obstinado. Él…
– Yo no he dicho que tienes que hacerlo-, dijo ella rápidamente. -sino intentarlo.
Robert se llevó sus manos a los labios. -Muy bien, mi lady. Lo prometo.
Ella le ofreció una sonrisa que pretendía ser severa. -Yo no soy tu lady todavía.
Robert sólo sonrió y la besó de nuevo en la mano. -Me gustaría irme contigo esta noche si pudiera-, dijo, -pero voy a necesitar un poco de tiempo para reunir algunos fondos y suministros. No tengo la intención de arrastrarte a través del campo con nada más que la ropa que llevamos puesta.
Ella le tocó la mejilla. -Eres un planificador.
– No me gusta dejar nada al azar.
– Lo sé. Es una de las cosas que más me gustan de ti. -Ella sonrió tímidamente. -Yo siempre me olvido de las cosas. Cuando mi madre estaba viva siempre decía que no me olvidaba de mi cabeza por que está agarrada al cuello.
Eso le provocó una sonrisa. Robert dijo: -Me alegro de que tengas un cuello. Soy bastante aficionado a él.
– No seas tonto-, ella dijo. -Yo estaba simplemente tratando de decir que es bueno saber que voy mantener mi vida en orden.
