¡La miniatura! Victoria se golpeó en la frente al darse cuenta de que no podía salir sin la pequeña pintura de su madre. Había dos miniaturas de la señora Lyndon una para Victoria y otra para Ellie, el señor Lyndon se las había prometido para cuando ellas se casaran, así nunca se olvidaría de su madre. Eran cuadros pequeños; cabía en la palma de la mano de Victoria.

Aún agarrando su bolso, Victoria salió de puntillas de su habitación y entró en el hall. Se dirigió a la sala de estar, silenciosamente cruzando la alfombra sobre la cual descansaba una mesa, donde el pequeño retrato Reposaba. Ella lo tomó, lo metió en su bolso, y luego dio la vuelta para regresar a su habitación, donde había planeado salir por la ventana. Pero cuando se volvió, su bolsa chocó con una lámpara de bronce que se estrelló contra el suelo.

En cuestión de segundos el reverendo Lyndon llegó por la puerta. -¿Qué diablos está pasando aquí?- Sus ojos se posaron en Victoria, que se congeló de miedo medio de la sala de estar. -¿Por qué estás despierta, Victoria? ¿Y por qué estas vestida?

– Yo… Yo… -Victoria temblaba de miedo, no podía sacar ni una palabra de su boca.

El vicario espiado su bolso. -¿Qué es eso? -En dos pasos cruzó la habitación y se los arrebató de ella. Tiró la ropa, una Biblia… y entonces su mano se posó sobre la miniatura. -Estás huyendo-, susurró. Levantó la vista hacia ella, mirándola como si no pudiera creer que una de sus hijas, se atreviera a desobedecerle. -Estás huyendo con ese hombre.

– No, papá-gritó ella-. ¡No!

Pero nunca había sido una mentirosa muy buena.

– ¡Por Dios! -Gritó el señor Lyndon. -Vas a pensar dos veces antes de que me desobedezcas de nuevo.

– ¡Papá!-Victoria no pudo terminar la frase, la mano de su padre se había encontrado con la cara con tanta fuerza ciega que ella cayó al suelo. Cuando levantó la vista vio a Ellie, de pie, inmóvil en la puerta, su expresión petrificada. Victoria envió a su hermana una mirada suplicante.



32 из 275