El Sr. Lyndon tembló con rabia, y alzó la mano para golpearla de nuevo. Pero en el último instante se detuvo y dejó caer su mano al costado.

Ellie que había estado escondida en la esquina, mordiéndose el labio inferior, entró tímidamente y le dijo: -Ella se puede resfriar, papá. Déjeme que la cubra. -Sacó las mantas de debajo del cuerpo tembloroso de Victoria, e inclinándose al oído, susurró- Lo siento mucho.

Victoria le ofreció a su hermana una mirada de agradecimiento, y luego se volvió hacia la pared. Ella no quería darle a su padre la satisfacción de verla llorar.

Ellie se sentó en el borde de la cama y miró a su padre con lo que ella esperaba que fuera una expresión amable. -Voy a sentarme con ella, si no le importa. No creo que deba estar sola en este momento.

Los ojos del señor Lyndon se entornaron con recelo. -¿Oh, eso te gustaría, no es cierto? – él dijo.-No voy a dejar que la desates y para que se escape con ese hijo de puta que miente.- Tiró del brazo de Ellie y forzó a pararse. -Como si se le ocurriera casarse con ella alguna vez-, agregó, disparando una mirada mordaz a su hija mayor.

Luego sacó a Ellie de la habitación y procedió a atarla, también.


* * *

– ¡Maldita sea,- Protestó, Robert. -¿Dónde diablos está?

Victoria llevaba más de una hora de retraso. Robert se la imaginaba violada, golpeada, asesinada, todas ellas eventos poco probables en un trayecto tan corto, pero su corazón todavía estaba helado de miedo.

Por fin se decidió tirar al viento cualquier precaución, y dejó su carruaje y pertenencias sin vigilancia mientras corría por el camino hacia la casa de ella. Las ventanas estaban oscuras, y se deslizó al lado de la pared exterior hasta su ventana. Estaba abierta, agitando suavemente sus cortinas en la brisa.



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