– Helena-, repitió, con voz baja mezclada con una clara advertencia.

Victoria escuchó la furia velada de su voz, pero aparentemente Helena no se daba cuenta, porque ella dijo: -No me puedo imaginar lo que tendría que decir de esto… esta persona en una institutriz.

Robert se volvió a Helena y rugió,-¡He dicho que nos dejes!

Ella parpadeó. -No sé la salida.

– A la derecha, dos a la izquierda, y derecha otra vez.

Helena abrió la boca como si quisiera decir algo más, entonces, evidentemente, se lo pensó mejor. Dirigió una última mirada desagradable a Victoria y abandonó la escena.

Victoria estaba más que tentada a seguirla. -A la derecha, dos izquierdas, y otra vez a la derecha-, susurró para sí misma.

– No vas a ninguna parte-, ladró Robert.

Su tono imperioso fue suficiente para convencer a Victoria de que era inútil intentar siquiera una conversación cortés con él. -Si me disculpa-, dijo, pasando junto a él.

Su mano cayó sobre su brazo como si fuera una tormenta. -¡Vuelve aquí, Victoria!

– No me des órdenes,- se explotó girando hacia él. -Y no me hables en ese tono de voz.

– Por Dios-, se burló. -Tales demandas de respeto parece extraño viniendo de una mujer cuya idea de la fe…

– ¡Basta!-, Gritó ella. No estaba segura de lo que estaba hablando, pero ella no podía soportar escuchar el tono mordaz de la voz. -¡De una vez, basta!

Sorprendentemente, lo hizo. Él parecía bastante conmocionado por su arrebato. Victoria no se sorprendió. La muchacha que había conocido hace siete años nunca había gritado así. Ella nunca había tenido motivos para ello. Ella tiró de su brazo diciendo: -Por favor, déjame en paz.

– No quiero.

Victoria levantó la cabeza sorprendida. -¿Qué has dicho?

Él se encogió de hombros y aseguró con rudeza. -Me encuentro bien interesados en lo que me perdí hace siete años. Estás muy bonita.



46 из 275