– Hay algún problema?

– En absoluto. Solo quiero echar un vistazo al informe.

Apenas se había sentado tras su escritorio cuando la señorita Lewis entró con el informe en la mano y una expresión de censura en el rostro. Tom conocía a Estelle Lewis desde que era un niño y tuvo que disimular una sonrisa.

– No me mire así. Siempre reviso los informes de los nuevos empleados.

– Solo después de que yo se lo recuerde seis o siete veces. ¿Recuerda la primera regla de los almacenes Dalton?

– Ahora es la tercera. Mi abuelo ha cambiado el orden.

La señorita Lewis lo miró, sorprendida.

– No había sido informada, Por qué no había sido informada?

– Puede discutirlo con mi abuelo. Ya sabe dónde encontrarlo.

Ella salió del despacho haciendo un gesto de fastidio y Tom abrió el informe de Claudia Moore.

Lo Primero que encontró fue una Copia de su fotografía de Carné Incluso en una foto tan mala estaba guapa, pero la fotografía no mostraba su personalidad, su ingenio, su talento para ponerlo nervios su increíble desdén al tratar con quien sería su jefe.

¿Qué hacía una mujer tan inteligente trabajando como paje de Santa Claus? Por su Currículum podría haber buscado un puesto en la oficina. ¿Por qué trabajar en el escalafón más bajo?

Tom sacó el horario y vio que empezaba a trabajar a las doce. Quizá pasaría un momento por la segunda planta pasa comprobar cómo iban las visitas Santa Claus. No solía ir por allí, pero aquel día había algo mucho más interesante que un montón de críos pidiendo juguetes: Claudia Moore, el nuevo y fascinante paje del hombre de la barba blanca.


– Tengo que ponerme esto?

Claudia se miró al espejo con cara de horror. El traje, que debía de haber sido confeccionado treinta años antes porque apestaba a naftalina, era una especie de casaca de lana roja con lunares verdes. Y Unos leotardos del mismo color.

– Precioso, ¿ verdad?



12 из 104