Ella me miró risueña, con el sol brillando a través de las hebras de su pelo, que parecía arder con blancas llamaradas.

– Ya ves. La gente habla sin ton ni son.

Y entonces me di cuenta de que en la habitación hacía calor, a pesar de que no había ninguna estufa ni brasero. Y de que el día luminoso y azul que brillaba a través de la ventana en nada se parecía a la desolada tarde de invierno que reinaba en la calle.

– ¿Les puedo decir a todos que sigue usted aquí? -pregunté.

Ella se encogió de hombros. -No te van a creer.

Y tenía razón. Porque cada vez que yo les decía a mis padres o a mis tíos que se habían equivocado, que la abuela María seguía viva y estaba haciendo ganchillo en su habitación, me miraban con una cara muy extraña. Mi madre lloraba, mi tía Rosario lloraba, y hasta mi hermano Gabriel, que había nacido ya y tendría un año por entonces, se ponía a berrear y tenían que rebozarle el chupete en azúcar para que se apaciguara. Por eso decidí no volver a hablarle a nadie de mi abuela, aunque seguía visitándola todos los días en su habitación y oyendo sus historias como si nada hubiera pasado. Y siempre encontraba su cuarto inundado de luz y tan cálido como si estuviéramos en plena primavera.

Para mí todo aquello era de lo más normal, aunque claro, yo era muy pequeña entonces, y a los niños pequeños casi nada les causa extrañeza, porque para ellos el mundo es completamente nuevo y lo mismo les da un milagro que un hecho cotidiano. Aquello pasó antes de la guerra. Y, ahora que lo pienso, lo que me parece milagroso es que existiera un antes de la guerra, como si todo lo ocurrido hasta entonces hubiera quedado abolido del tiempo y de ¡a memoria. Pero no fue así. Porque yo misma me acuerdo de muchas cosas que ocurrieron antes de aquellos años terribles, y eso que mi memoria ya no es buena, y a veces todo es oscuro y se confunde.

2

Me acuerdo muy bien del día que me operaron de anginas en el sanatorio del tío Arturo, en una habitación chapada de azulejo blanco donde había muchos diplomas y un gran anuario de cristal lleno de objetos brillantes y siniestros.



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