

Fred Vargas
Bajo los vientos de Neptuno
Traducción de Aurelia Crespo
Título original: SouslesventsdeNeptune
A mi hermana gemela, Jo Vargas
I
Apoyado en el negro muro del sótano, Jean-Baptiste Adamsberg contemplaba la enorme caldera que, la antevíspera, había abandonado cualquier forma de actividad. Era sábado, 4 de octubre, y la temperatura exterior había bajado casi un grado, con un viento llegado directamente del Ártico. Sin poder hacer nada, el comisario examinaba la calandria y las silenciosas tuberías, con la esperanza de que su benevolente mirada reanimase la energía del dispositivo o hiciera aparecer al especialista que debía llegar y no llegaba.
No es que fuera sensible al frío ni que la situación le resultara desagradable. Muy al contrario, la idea de que, a veces, el viento del norte se propulsara directamente, sin escalas ni desviaciones, desde los hielos perpetuos hasta las calles de París, distrito 13, le producía la sensación de poder acceder de una sola zancada a aquellos lejanos hielos, de poder caminar por ellos, de hacer algún agujero para cazar focas. Se había puesto un chaleco bajo su chaqueta negra y, si de él hubiera dependido, habría aguardado sin prisas la llegada del técnico acechando la aparición del hocico de la foca.
Pero, a su modo, el potente aparato enterrado en el subsuelo participaba plenamente en la resolución de los asuntos que convergían, a todas horas, en la Brigada Criminal, caldeando los cuerpos de los treinta y cuatro radiadores y los veintiocho policías del edificio. Cuerpos ateridos, arrebujados en anoraks, apiñándose en torno a la máquina del café, agarrando con sus manos enguantadas los vasitos blancos.
