– Me han hablado muy bien de uno de esos expertos en perfiles. Se llama O'Dell, y es capaz de averiguar hasta el número que calza un asesino. Podría llamar a Quantico.

– ¿Para cuándo crees que nos enviarían a alguien?

– No dejes que Tillie haga la autopsia todavía. Llamaré ahora mismo y veré si podemos tener a alguien aquí el lunes por la mañana. Puede que hasta O'Dell -Weston se puso en pie con renovada energía.

Nick desenredó las piernas y también se puso en pie, sorprendiéndose de que las rodillas lo sostuvieran.

Hal Langston, uno de los ayudantes de Nick, apareció por la puerta.

– Pensé que os interesaría conocer la edición matutina del Omaha Journal -Hal desdobló el periódico y lo sostuvo en alto. Los titulares proclamaban en letra negrita: Niño asesinado al estilo de Jeffreys.

– ¡Qué cojones! -Weston le arrebató el periódico y empezó a leer en voz alta-. «El cadáver de un niño fue hallado muerto anoche a orillas del río Platte, junto a la carretera de la Vieja Iglesia. Parece probable que el muchacho, todavía sin identificar, fuese apuñalado. Un ayudante del sheriff, cuya identidad permanecerá en el anonimato, dijo en el lugar del crimen: “El hijo de perra lo ha destripado”. Los cortes profundos en el pecho eran el sello de identidad del asesino en serie Ronald Jefrreys, que fue ejecutado en julio del presente año. La policía todavía no ha hecho ninguna declaración relativa a la identidad del muchacho ni a la causa de su muerte».

– ¡Dios! -masculló Nick. Las náuseas volvían a adueñarse de sus entrañas.

– Maldita sea, Morrelli. Tendrás que amordazar a tus hombres.

– Y todavía hay más -dijo Hal, mirando a Nick-. La noticia la firma Christine Hamilton.

– ¿Quién diablos es Christine Hamilton? -Weston miró a Hal, después a Nick-. No, por favor, no me digas que es una de las conquistas de tu pequeño harén…



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