
– No me refiero a eso. Maldita sea, Maggie, cuando corres, tienes un aspecto lamentable. ¿No quieres causar buena impresión a los vecinos?
Sonó el teléfono, y Greg alargó el brazo.
– Déjalo sonar -barbotó Maggie con la boca llena de agua-. Es un fax de Cunningham -sin necesidad de mirar a Greg, percibió su irritación. Se dirigió corriendo al estudio, comprobó el número y conectó el fax.
– ¿Por qué te envía un fax un sábado por la tarde?
Maggie se sobresaltó; no se había dado cuenta de que Greg la había seguido al estudio. Estaba en el umbral, en jarras, con el aspecto más severo posible que le permitían los pantalones de pinza y el jersey de cuello redondo.
– Me está mandando los detalles de un caso que me han pedido que investigue -eludió mirarlo a la cara, temiendo los pucheros y la mirada entornada. Normalmente, era él quien interrumpía sus sábados, pero sería un poco infantil recordárselo. Arrancó la hoja de fax y empezó a transferir los detalles del papel a su memoria.
– Se suponía que esta noche íbamos a cenar tranquilos… tú y yo.
– Y así será -dijo con calma, sin mirarlo-. Sólo que tendremos que acostarnos pronto. Mi avión sale mañana a las seis.
Silencio. Uno, dos, tres…
– Maldita sea, Maggie, es nuestro aniversario. Se suponía que iba a ser nuestro fin de semana juntos.
– No, eso fue el fin de semana pasado, sólo que se te olvidó y participaste en el torneo de golf.
– Ah, ya entiendo -resopló-. Te estás vengando.
– No, no me estoy vengando -mantenía la calma aunque estaba cansada de aquellos pequeños berrinches. Él podía trastocar sus planes en cualquier momento con una leve disculpa y su encantador y prepotente: «Ya te compensaré, nena».
– ¿Cómo se llama si no lo que haces?
– Trabajar.
– Ah, claro. Trabajar. Muy oportuno. Llámalo como quieras, pero te estás vengando.
– Un niño ha aparecido muerto, y quiero ayudar a encontrar al psicópata que lo ha matado -la ira burbujeaba a flor de piel, pero mantuvo la voz serena-. Lo siento, ya te compensaré -se le escapó el sarcasmo, pero Greg no pareció darse cuenta. Maggie empezó a salir por la puerta con el fax en la mano. Greg la agarró de la muñeca y la hizo volverse hacia él.
