– ¡No jodas!

– Era más o menos de tu altura. ¿Cuánto mides tú, metro sesenta y cinco?

– Metro setenta.

– No era demasiado grande. Tal vez sesenta kilos.

– Yo peso setenta y cinco.

– Así que me pareció que no habría ningún problema mientras no llevara pistola.

– Ya. ¿Y la llevaba?

– Precisamente en aquel momento se dio la vuelta y nos quedamos mirándonos. El tipo dijo, con mucha calma: «Seguro que me he equivocado de habitación. Ésta no es la 1515, ¿verdad?» Y yo le dije: «Ni de lejos.» Y entonces, ¿sabes qué hizo? Se sentó en una silla, sacó un cigarrillo y me preguntó: «¿Le importa si fumo?» Y yo le dije: «¿Por qué, está nervioso?» Y él dice: «Nunca me había pasado antes.» Enciende su cigarro. Le pregunto si nunca le habían sorprendido. «Sí, pero no me han condenado. ¿Y a ti?» Le digo que me han cogido una vez por robar entradas en el Superdome y que me han puesto una multa de doscientos pavos. Él dice: «No quiero parecer un llorica, no me gustan los lloricas, pero éste iba a ser mi último trabajo. Quieren que me dedique a la venta de coches con mi cuñado.» Por la forma de decirlo, se notaba que no le apetecía nada. O sea, el asunto era mi propio cuñado. Me refiero a Leo. Ya entonces estaba intentando convertirme en enterrador. Era como si tuviésemos algo en común.

– Tú y aquel tipo.

– Sí, Buddy y yo. Porque se trataba de él, Buddy Jeannette, el fulano que acabo de ver muerto.

– Pero, si no era demasiado fuerte, ¿por qué no lo agarraste?

– ¿Para qué?

– Y luego llamabas a la policía.

Jack hizo una pausa y bebió un trago.

– Era como si… ¿nunca has conocido a alguien que te gustara desde el primer momento y con quien te sintieras de acuerdo, como si tuvieras algo en común?



16 из 262