їEste lugar no dispone de un tubo elevador?, se preguntу Cordelia con irritaciуn. Al otro extremo de aquel laberinto de piedra, en una habitaciуn con vista a los jardines del norte, habнa un anciano pбlido y consumido que agonizaba en su enorme cama ancestral…

En el amplio pasillo superior, suavemente alfombrado, decorado con pinturas y mesas llenas de baratijas — obras de arte, supuso Cordelia — encontraron al capitбn Negri hablando en voz baja con una mujer que lo escuchaba con los brazos cruzados. Cordelia habнa conocido al famoso jefe de Seguridad Imperial el dнa anterior, despuйs de que Vorkosigan mantuviera su histуrica entrevista con el agonizante Ezar Vorbarra. Negri era un hombre fuerte, de rostro duro y cabeza en forma de bala. Habнa servido con fidelidad a su emperador durante casi cuarenta aсos y era una leyenda siniestra con ojos inescrutables.

Ahora se habнa inclinado sobre su mano y la llamaba «seсora» como si realmente la respetara, o al menos sin mбs ironнa que la que infundнa a cualquiera de sus comentarios. La mujer rubia que lo acompaсaba (їo era una niсa?) estaba vestida con ropas normales de civil. Era alta y muy musculosa, y se volviу para observar a Cordelia con gran interйs.

Vorkosigan y Negri intercambiaron un breve saludo. Los dos hombres se conocнan desde hacнa tanto

tiempo que ya no necesitaban recurrir a las formalidades.

— Y ella es la seсorita Droushnakovi — aсadiу Negri, seсalбndola con la mano.

— їY cuбl es su cargo? — preguntу Cordelia con cierta desesperaciуn. Todos parecнan estar siempre bien informados por allн, aunque Negri tampoco habнa presentado al teniente Koudelka; Droushnakovi y Koudelka se miraron de soslayo.



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