— Estoy al servicio de los aposentos imperiales, seсora. — Droushnakovi inclinу la cabeza ante ella, casi una reverencia.

— їY a quiйn sirve? Ademбs de a los aposentos.

— A la princesa Kareen, seсora. Йse es sуlo mi tнtulo oficial. Soy una guardaespaldas a las уrdenes del capitбn Negri. De primera categorнa. — Resultaba difнcil determinar cuбl de los dos tнtulos le proporcionaba mбs orgullo y placer, pero Cordelia sospechaba que era el ъltimo.

— Si йl le ha otorgado tanta jerarquнa, serб usted muy competente.

— Gracias, seсora. Lo intento — respondiу con una sonrisa.

Todos siguieron a Negri por una puerta que se abrнa a una habitaciуn larga y soleada, con muchas ventanas que daban al sur. Cordelia se preguntу si la eclйctica combinaciуn de muebles estarнa formada por antigьedades inestimables o por simples cachivaches. No pudo determinarlo. Una mujer los aguardaba sentada en un canapй de seda amarilla al otro extremo de la habitaciуn, y observу con una expresiуn grave cуmo el grupo avanzaba hacia ella.

La princesa Kareen era una mujer delgada y tensa de unos treinta aсos, con una hermosa cabellera oscura peinada con esmero, aunque su vestido gris era de un corte simple. Simple pero perfecto. Un niсo de unos cuatro aсos murmuraba a su estegosauro de juguete, tendido boca abajo en el suelo, y el muсeco le respondнa tambiйn en un murmullo. La mujer le pidiу que se levantara, que apagara el pequeсo robot y que se sentara a su lado, aunque el niсo mantuvo apretado con fuerza al suave muсeco de piel. Cordelia se sintiу aliviada al ver que el pequeсo prнncipe vestнa prendas cуmodas y apropiadas para su edad.

Con frases formales, Negri la presentу ante la princesa y el prнncipe Gregor. Cordelia no supo si debнa hacer una reverencia o saludar, y terminу inclinando la cabeza como lo habнa hecho Droushnakovi. Gregor parecнa solemne y la mirу con gran desconfianza, de forma que Cordelia tratу de tranquilizarlo con una sonrisa.



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