
Bueno, si lo que querнa era verse exquisita, no tenнa mбs que colocarse junto al sargento Bothari. A su lado йl ofrecнa un aspecto lamentable con sus dos metros de altura. Cordelia se consideraba una mujer alta, pero su cabeza sуlo llegaba al hombro de aquel sargento con rostro circunspecto e introvertido que recordaba el de una gбrgola, de nariz ganchuda y rasgos exagerados como los de un criminal, acentuados por su cabello cortado al estilo militar. Ni el elegante uniforme color cafй del conde Vorkosigan, con los distintivos de la casa bordados en plata, lograban disimular la asombrosa fealdad de Bothari.
Pero es un rostro excelente, sin duda, ъtil para, cualquier propуsito.
Un sirviente uniformado. Vaya un concepto. їY a quй servнa?
A nuestras vidas, nuestras suertes y nuestro honor, para empezar. Cordelia lo saludу con amabilidad por el espejo con un movimiento de cabeza, y dio media vuelta para seguirlo por el laberinto que era la Residencia Vorkosigan.
Debнa aprender a moverse por esa enorme mansiуn lo antes posible. Era una vergьenza perderse en su propia casa y tener que preguntarle el camino a algъn guardia que pasaba o a un criado. En plena noche, envuelta sуlo en una toalla.
Yo fui tripulante de una nave. Vamos. Si habнa podido arreglбrselas con cinco dimensiones allб arriba, sin duda serнa capaz de entenderse con tres aquн abajo.
Llegaron a una gran escalera curva que descendнa tres pisos hasta un vestнbulo pavimentado en blanco y negro. Cordelia siguiу los pasos rнtmicos de Bothari con un andar ligero. La falda le hacнa sentir que estaba flotando, cayendo inexorablemente en paracaнdas por la espiral.
