
Al pie de la escalera, un hombre alto y delgado, apoyado en un bastуn, alzу la vista cuando oyу sus pasos. El rostro de Koudelka era tan agradable y simйtrico como el de Bothari extraсo y estrecho, y esbozу una amplia sonrisa al ver a Cordelia. Ni las arrugas de los ojos y de la boca lograban avejentarlo. Vestнa el uniforme verde imperial, idйntico al del comandante de seguridad Ilyan, excepto por las insignias. Las mangas largas y el cuello de su chaqueta ocultaban la tracerнa de finas cicatrices rojas que cubrнan la mitad de su cuerpo, pero Cordelia se las imaginу. Desnudo, Koudelka podнa servir de modelo en una clase sobre la estructura del sistema nervioso humano, ya que en йl cada cicatriz representaba un nervio muerto, extirpado y sustituido por un hilo artificial. El teniente Koudelka todavнa no se habнa acostumbrado del todo a su nuevo sistema nervioso. Di la verdad. Los cirujanos de aquн son unos carniceros torpes e ignorantes. Sin duda el trabajo no estaba a la altura de los niveles betaneses. Cordelia no permitiу que ninguno de sus pensamientos se reflejase en su rostro.
Koudelka se volviу con dificultad hacia Bothari.
— Hola, sargento. Buenos dнas, seсora Vorkosigan.
A Cordelia aъn le sonaba extraсo su nuevo nombre, ajeno. Le devolviу la sonrisa.
— Buenos dнas, Kou. їDуnde estб Aral?
— Йl y el comandante Illyan fueron a la biblioteca para decidir el sitio donde se instalarб la nueva consola de seguridad. No creo que tarden. Ah. — Asintiу con un gesto al oнr unos pasos que se aproximaban por el pasillo. Cordelia siguiу la direcciуn de su mirada. Era Illyan, delgado, imperturbable y amable, flanqueado (mбs bien eclipsado) por un hombre de cuarenta y cuatro aсos, resplandeciente en su uniforme verde de etiqueta. La razуn que la habнa traнdo a Barrayar.
El almirante lord Aral Vorkosigan, retirado. Ex retirado, hasta el dнa anterior. Era indudable que sus vidas habнan sufrido un vuelco el dнa anterior.
