
Pero puedes apostara que, de alguna manera, caeremos de pie. El cuerpo de Vorkosigan era robusto y fornido, y su cabellera oscura estaba salpicada de gris. En la mandнbula tenнa una vieja cicatriz con forma de L. Avanzaba con energнa contenida y sus ojos grises mostraban una expresiуn de profunda concentraciуn, hasta que finalmente se posaron en Cordelia.
— Te doy los buenos dнas, seсora — le dijo, cogiйndole la mano. El sentimiento era absolutamente franco en sus ojos brillantes como espejos.
En estos espejos parezco hermosa, notу Cordelia con emociуn. En ellos me veo mucho mejor que en el de la sala. Deberнa utilizarlos para verme. La mano fuerte de Aral estaba caliente sobre sus dedos frescos y delgados. Mi esposo. Eso sonaba correcto, se ajustaba con tanta firmeza y suavidad como su mano en la de йl, aunque su nuevo nombre, lady Vorkosigan, le seguнa pareciendo ajeno.
Por unos instantes, Cordelia observу a Bothari, a Koudelka y a Vorkosigan.
Uno, dos, tres heridos. Y yo, la auxiliar.
Los supervivientes. Kou en su cuerpo, Bothari en su mente y Vorkosigan en su espнritu, todos habнan sufrido heridas casi mortales en la ъltima guerra con Escobar. La vida continъa. Hay que marchar o morir. їEstaremos empezando a recuperarnos, por fin? Ella esperaba que sн.
— їLista para partir, mi querida capitana? — le preguntу Vorkosigan. Su voz era la de un barнtono, y su acento barrayarйs sonaba cбlido y ronco.
— Tanto como me es posible, supongo.
Illyan y el teniente Koudelka marcharon adelante. El andar de Koudelka parecнa lento y dificultoso comparado con los pasos rбpidos de Illyan, y Cordelia frunciу el ceсo con incertidumbre. Entonces tomу el brazo de Vorkosigan y partiу junto a йl, dejando a Bothari con sus quehaceres.
— їCuбl es el programa para los prуximos dнas? — preguntу.
— Bueno, primero estб la audiencia, por supuesto — respondiу Vorkosigan -. Despuйs verй a algunas personas. El conde Vortala se ocuparб de todos los detalles. Dentro de unos dнas, la Asamblea de Consejos emitirб su voto de consentimiento, y luego serй investido bajo juramento. No hemos tenido un regente desde hace ciento veinte aсos; Dios sabe quй protocolo habrбn de desenterrar y desempolvar.
