Había en el Barrio una zona asfaltada que acababa en la Plaza Alta, que era un descampado grande con unos cuantos bares alrededor. Más allá las calles eran simples veredas, con casitas bajas, hierba y tierra, como un pueblo. Y aun luego, en el extremo, estaban los desmontes y las Casas Chicas.

– Ya me he enterado de todo -me dijo un día Chico-.


Nuestra zona llega hasta la Plaza Alta. Ir más allá ya es peligroso. Chico poseía conocimientos muy convenientes sobre las reglas del lugar pese a ser mucho más pequeño que yo, apenas un niñito, y a ser él también un recién llegado a la ciudad. Pero él venía de otro Barrio, y todos los Barrios, me decía, eran iguales.

Estábamos sentados en el bordillo, frente a la pensión, y él se sujetaba las piernas con los brazos y apoyaba la cara en sus rodillas picudas. Chico era hijo de Amanda y era igual que ella, pero más: aun más frágil, aun más pálido, aun más desproporcionado entre el volumen de su cara y de su cuerpo. Todo él era de color amarillento, incluyendo su pelo; y sólo sus orejas, despegadas y grandes, ofrecían un delicado dibujo traslúcido y un tono rosado. Esas orejas eran lo único verdaderamente vivo que había en su rostro: parecían las trémulas alas de una mariposa a punto de volar.

– Y dos cosas muy importantes: una, no cuentes nunca nada a los extraños, y otra, si oyes ruidos por las noches no te levantes de la cama… -seguía explicando Chico, acunándose las piernas en el bordillo.

Se le veía feliz, porque sabía más que yo. Eso fue al poco de llegar al Barrio. Chico vino con ellos un día después que nosotras, tal y como había anunciado Amanda. Y ellos eran dos: doña Bárbara y Segundo. Amanda temblaba cuando les encontramos, así que yo aprendí a temerlos antes de conocerlos.

Sucedió así: estábamos aún durmiendo Amanda y yo cuando alguien aporreó la puerta del cuarto. Amanda se puso en pie de un solo brinco y se echó aturulladamente el abrigo azul por encima: las manos le temblaban y el abrigo resbaló dos veces de sus hombros antes de que atinara a abrocharse el botón del cuello.



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