
– Compra una en la pastelería.
Aparté el móvil de mi oreja y me lo quedé mirando, preguntándome si estaba comunicándome con un alienígena. Cuando me lo volví a acercar, pregunté:
– ¿Hiciste algo para tu primera boda?
– Me presenté y permanecí en pie donde me dijeron.
– Esta vez tendrás que hacer algo más que eso: te encargarás de las flores. Pídele ayuda a tu madre. Te quiero, tengo que irme ahora. Adiós.
– ¡Eh! -Le oí dar un grito mientras yo ponía fin a la llamada.
Me entretuve el resto de la tarde imaginando su estado de pánico. Si fuera listo, llamaría a su madre al instante, pero pese a ser un hombre muy listo, ante todo es un Hombre, por lo tanto supuse que como mucho preguntaría a los sargentos y agentes casados por si de hecho recordaban algo de sus bodas, y en tal caso, ¿a qué tipo de flores me refería? Al final del día habría llegado a la conclusión de que las flores en cuestión no eran de esas que se plantan en macetas. Tal vez se le ocurriera pensar que me refería a mi ramo de novia, y tampoco era eso; de ninguna manera dejaría aquella cuestión en manos de un hombre, por mucho que le quisiera. En algún momento, al día siguiente, uno de ellos recordaría algo así como un arco con cosas en él, tal vez rosas, y en algún otro momento Wyatt también descubriría que tampoco mañana por la noche yo iba a estar libre, y empezaría a ver clara la horrorosa verdad: su vida sexual había quedado aniquilada para el próximo mes, y todo por su comportamiento.
Me encanta cuando los planes cuadran, ¿a vosotros no?
No es que dejara algo tan importante como las flores totalmente al azar. Llamé a su madre, una mujer tan maja que me cuesta creer la suerte de tenerla como suegra, y le facilité todos los detalles.
– No dejaré que se duerma en los laureles -prometió-. Habrá todo tipo de emergencias y retrasos, pero no te preocupes, me aseguraré de que todo sea como tú quieres.
