Buscaba un vestido de color champaña claro. Nada de blanco, ni siquiera color hueso o crema, porque, seamos realistas, ¿venía al caso? El blanco sigue transmitiendo el mensaje tradicional, que en un segundo matrimonio resulta de verdad tonto. Aparte, el champaña me queda realmente bien, y ya que toda la idea era dejar a Wyatt ciego de deseo…

Lo intenté a la antigua usanza. Me recorrí de arriba abajo todas las tiendas, parando sólo para cenar una rápida ensalada en la zona de restaurantes. Durante el recorrido encontré algunos conjuntos de ropa interior fabulosos, algunos pendientes que tuve que quedarme, así de claro, otro par de zapatos -esta vez, unos zapatos de salón negros que cortaban la respiración-, una fantástica falda tubo que me iba como un guante, e incluso unos pocos regalos de Navidad, ya que este año las compras de regalos navideños iban a ser el doble de los años anteriores, con la familia de Wyatt sumada a la mía, por lo que tenía que empezar pronto.

Lo que no encontré fue el vestido color champán.

A eso de las nueve, renuncié a conseguir nada más por aquella noche. Tendría que empezar mañana a recorrer los comercios de ropa de etiqueta y, a menos que hubieran cambiado desde mis días del baile de la facultad -vale, sí, de eso hace ya quince años, más o menos, y es posible que haya habido cambios-, aunque encontrara un vestido que me gustara, seguro que se lo habría probado tanta gente que tendría que encargar uno nuevo, lo cual llevaba su tiempo, y tiempo era lo que no tenía.

Mientras salía del centro comercial, mis pensamientos iban a cien por hora. Una modista. Necesitaba una modista. Mañana intentaría otra vez encontrar un vestido confeccionado, que sería la solución más sencilla, pero si no aparecía algo mañana por la noche, volvería a mi plan be, que era comprar la tela y encargar el traje. Eso aún requería más tiempo, pero era factible.

No prestaba atención a mi entorno, lo admito, tenía cosas importantes en la cabeza. Al salir de la tienda, advertí que no quedaban muchos coches en el aparcamiento, pero había aparcado el mío cerca, había buena luz, ningún desconocido del que desconfiar merodeaba cerca de mi coche, y en ese mismo momento salía más gente del centro comercial, etcétera.



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