No. ¡No! ¿Cómo se me había pasado por alto algo tan patente, algo que saltaba a la vista con tal descaro? Sencillamente no era posible, a menos que la lujuria me tuviera tan enloquecida que me impediera pensar con claridad. Puestos a buscar excusas, ésa serviría en mi caso. No obstante, aquel descuido no iba a borrarse por más que buscara explicaciones. Cogí el boli y garabateé las palabras ofensivas y las volví a escribir una vez más sólo para asegurarme de que no había sufrido un cortocircuito en la sinapsis. No iba a tener esa suerte.

– ¡Oh, no! -Me quedé mirando lo que había escrito, que por supuesto atrajo toda la atención de Wyatt, y que por supuesto era lo que yo pretendía. No es que yo planee estos pequeños episodios, pero cuando se presenta la oportunidad… Le dediqué una mirada trágica y pronuncié-: No puedo casarme contigo.

Wyatt Bloodsworth, teniente de policía, personalidad alfa, tipo duro donde los haya y el hombre a quien adoro, se inclinó sobre la mesa para darse lentamente con la cabeza en la madera.

– ¿Por qué a mí? -gimió. Pum-. ¿Es por algo que hice en una vida anterior? -Pum-. ¿Durante cuánto tiempo tendré que pagar? -Pum.

Lo normal sería esperar que preguntara por qué yo no podía casarme con él, pero no, tenía que actuar como un listillo. De hecho, creo que intentaba superarme en dramatismo, siguiendo el razonamiento de pagar con la misma moneda. Me costaba decidir qué me ofendía más, la idea de que pensara que yo era una peliculera o que pensara que podía superarme en teatralidad. No existe un hombre que pueda… pero, es igual, mejor no entrar en según qué cuestiones.

Crucé los brazos bajo el pecho y le dediqué una mirada iracunda. No fue culpa mía que al cruzar los brazos mis pechos se levantaran y juntaran, ni es culpa mía que Wyatt sea el tipo de tío al que los pechos le ponen a cien -y los culos y las piernas, y cualquier otra parte de la mujer que se te ocurra mencionar-, por lo tanto no fue culpa mía que, cuando volvió a levantar la cabeza para darse otro golpe, su mirada digamos que se quedó pegada a mi escote, y olvidó lo que iba a decir. Yo acababa de darme una ducha y sólo llevaba una bata y unas bragas, de modo que también era lógico que la bata hiciera lo que siempre hacen las batas -como que se desatan ¿no?-, lo cual significaba que tampoco era culpa mía que se viera algo más que el mero escote.



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