
Tenía que casarme, deprisa, para poder deshacerme de una vez de las pildoras anticonceptivas.
Y Wyatt estaba ahí sentado tan campante leyendo su maldito informe mientras yo me ponía cada vez más tensa, hasta el punto de casi empezar a chillar. Él ni siquiera intentaba animarme contándome qué había en ese informe, para que yo me hiciera una idea de si necesitaba leerlo más tarde y enterarme de todos los detalles… bueno, tampoco es que me lo contara otras veces. Era de lo más acaparador en lo que a asuntos policiales se refería; se lo guardaba todo para él.
– Estoy empezando a pensar que nunca va a suceder, nunca vamos a casarnos -dije con desánimo, arrojando el boli sobre la mesa.
Wyatt, sin cambiar su postura, siguió despatarrado y relajado, y me dedicó una mirada irónica.
– Si es demasiado para ti, puedo ocuparme yo de los detalles -manifestó. Podía apreciarse cierta brusquedad en su tono, porque empezaba a impacientarse con lo que parecía un desfile interminable de retrasos e impedimentos, ni más ni menos. Quería casarse conmigo y no le hacía gracia la inconveniencia de quedarse a dormir cada noche en mi casa, por no mencionar que no entendía los motivos de que yo siguiera viviendo aquí en vez de vivir con él. Había aceptado que yo me ocupara de todas esas cosas de chicas que él consideraba los detalles de la boda para así poder ocuparse él de todos los asuntos de hombres-. Y antes de que acabe la semana, serás Blair Bloodsworth.
– Teniendo en cuenta que estamos a miércoles, eso…
Entonces me detuve, con el cerebro literalmente paralizado mientras las palabras de Wyatt calaban hondo.
