Vale, y tampoco me llevaba bien con Nicole Goodwin, una zorra psicópata copiona a quien asesinaron en el aparcamiento de Great Bods, pero ella está muerta, o sea, que no cuenta. A veces, casi le perdono ser una zorra psicópata, porque su asesinato fue lo que devolvió a Wyatt a mi vida después de una ausencia de dos años -no me hagáis empezar a contar eso-, pero luego recuerdo lo coñazo que era Nicole incluso una vez muerta y supero ese desliz mental al instante.

– Déjame que te ahorre la cuenta del psiquiatra -dije entrecerrando los ojos, fijos en él-. La boda queda cancelada.

– La boda sigue en pie. Sea como sea.

– No puedo ir por la vida como Blair Bloodsworth. Aunque… -Me di unos golpecitos en la barbilla y me quedé mirando mi patio ensombrecido de noche; los perales Bradford, al final del patio, estaban iluminados con sartas de luces blancas que daban un toque especial a mi diminuto patio trasero. Era una visión bonita, que echaría de menos cuando me trasladara a casa de Wyatt, de modo que tenía que compensarme de alguna manera-. Podría mantener Mallory como apellido.

– De ninguna de las maneras -contestó rotundo.

– Las mujeres mantienen su nombre, es muy habitual.

– No me importa lo que hagan las otras mujeres. Tú vas a llevar mi apellido.

– Ya estoy establecida en el mundo de los negocios como Blair Mallory. Y me gusta ese nombre.

– Vamos a tener el mismo apellido. Y punto.

Le sonreí con dulzura.

– Oh, que amable por tu parte, cambiar tu apellido por Mallory. Gracias. Es una solución tan perfecta, y sólo un hombre realmente seguro de su masculinidad podría hacer eso…



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