
Cal se alegró. Nadie se lo merecía más que su amigo. Todos aplaudieron la decisión, pero él más que nadie.
– El segundo ascenso no creo que sea una sorpresa para nuestro amigo Cal Hollis -continuó diciendo Vance-. Ayer por la tarde, después de regresar de su viaje, le pedí que dejara libre su cabaña de Wawona para que pudiera trasladarse allí otro ranger -Cal escuchaba atentamente sin poder dar crédito a las palabras del jefe-. Durante los últimos siete años, Cal ha sido el ayudante de Paul Thomas. Ahora que Paul se ha retirado, la encomiable tarea de velar por nuestra flora y fauna debe recaer en Calvin Hollis. No puedo pensar en nadie más cualificado que él para desempeñar este cargo de biólogo jefe del parque -todos aplaudieron efusivamente.
»Sólo me queda felicitar a nuestros dos compañeros y ahora jefes. Ha sido un privilegio para mí trabajar con vosotros y espero que esta colaboración se mantenga en el futuro, ahora desde vuestros puestos de mayor responsabilidad. Bienvenidos a vuestro nuevo destino en las oficinas centrales del parque. La gente como vosotros constituye el activo más importante de Yosemite Valley.
Era un verdadero milagro, pensó Cal, que ese ascenso le hubiera llegado justo después de haber tomado aquella decisión tan difícil de quedarse en el parque. Amaba a su familia, pero llevaba en la sangre ser un ranger.
– Dejad los discursos para la cena que celebraremos en su honor. Tendrá lugar el sábado veintiocho, en el hotel Ahwahnee. Tenemos que dar tiempo a Cal y Jeff para que asimilen las responsabilidades y quebraderos de cabeza que acaban de heredar -añadió Vance con una sonrisa-. Cuando demos cuenta del desayuno que nuestra dulce Beth nos ha preparado, el ranger Jarvis os ayudará a instalaros en vuestros nuevos despachos. Podéis tomaros el día libre para reorganizar vuestras cosas.
