
Alex se quitó el delantal azul, se levantó de la silla y miró a Michael fijamente.
– ¿Cómo me ves? Sinceramente.
Michael ladeó la cabeza y la observó atentamente.
– ¿Quién eres? ¿De quién estás tratando de esconderte?
Michael demostraba ser muy perspicaz. Pero estaba equivocado. Era Cal el que quería esconderse de ella. Eso le había partido el corazón. Pero había tenido un año para superarlo.
– No, no se trata de eso. Quiero que la gente me vea, de ahora en adelante, como a una mujer adulta y responsable en la que se puede confiar.
– ¡Qué interesante! -exclamó Michael con una falsa sonrisa-. Entonces usa colores menos cálidos en tu barra de labios y en tu sombra de ojos. Tienes unos ojos expresivos. No uses maquillaje para la cara a menos que vayas a salir por la noche. No lo necesitas. Con el pelo y la piel tan brillantes que tienes, cuanto más natural vayas, mejor.
– Estoy de acuerdo con él -dijo Darlene.
– Gracias a los dos. Os lo digo con toda franqueza -replicó Alex, dejando un billete de cien dólares en la mesa-. Ahora, deseadme suerte.
Salió de la peluquería sintiéndose más ligera, tanto física como psicológicamente. Mientras caminaba por el centro comercial en dirección a la tienda de prendas deportivas, se iba mirando en los escaparates de los establecimientos, sin poderse creer que la imagen que reflejaban fuera la suya.
– Hola -le dijo a una dependienta al entrar en la tienda-. Me gustaría que me ayudara a elegir un conjunto que fuera adecuado para una entrevista que tengo en un parque nacional. Quiero conseguir un trabajo como voluntaria y necesito algo discreto pero a la vez sofisticado.
– Tenemos un suéter de algodón, que acabamos de recibir, en tono verde oliva oscuro. Tiene cuello y manga corta. Pase por aquí, por favor. Lo hemos emparejado con estos pantalones plisados de sarga color canela. Es un conjunto encantador y creo que le sentará muy bien. Pero si no le gusta el verde, el suéter viene también en rojo burdeos, en naranja tostado y en azul persa.
