Thompson se echó hacia atrás en la silla y se llevó la mano derecha cerrada a la boca, en actitud pensativa.

– Continúe.

«Bien», se dijo ella. Parecía que había conseguido despertar su interés.

– Mi padre ha compartido siempre la misma preocupación que el superintendente y el jefe de los rangers, en el sentido de que los jóvenes no se sienten atraídos suficientemente por los parques nacionales como para colaborar en ellos con su trabajo o, al menos, visitarlos. Se me ocurrió que la incorporación de estos nativos americanos de habla inglesa conseguiría unos objetivos similares al del programa de voluntariado de HPJS. Según tengo entendido, persiguen tres objetivos: desarrollar futuros administradores del parque, colaborar en las labores de restauración y proporcionar a los chicos un tipo de empleo diferente.

Thompson la miró sorprendido con sus ojos de avellana, como si ella fuera un ser extraño que hubiera caído de repente de otro planeta.

– No hay nada como ver la naturaleza en toda su dimensión para abrir las mentes de los jóvenes y darles una visión más amplia de la vida. Ellos saben el amor que siento por Yosemite y me han expresado su interés por formar parte de esta idea. La fundación Trent financiaría el proyecto, por supuesto. Diez mil dólares por cada chico y temporada. Este dinero sale de mi herencia personal. Mis padres no tienen nada que ver en esto -dijo Alex muy seria mirando fijamente al ranger Thompson-. El proyecto es idea mía. Mi padre hace ya algunos años que dejó su cargo en el Senado, así que si usted decide que mi proyecto no es adecuado para el parque, no se preocupe, no intentará presionarle para hacerle cambiar de opinión.

Aunque Alex quería dejar bien claro que todo el proyecto había sido iniciativa suya, pensó que no debía seguir incidiendo sobre ese punto.



25 из 156