
– Yo también, mamá, pero trabajar en Hearth & Home es lo que se me daría mejor.
– No te impacientes, estoy segura de que aceptarán tu propuesta, pero si no, estaré encantada de contar con la ayuda de mi hija en un proyecto que, después de mi familia, es lo que más amo en este mundo.
– Lo sé, mamá. Las familias zunis significan también mucho para mí. Si rechazan el proyecto, pienso presentarlo en otros parques como el de Tetons o el de Yellowstone. Ahora que el consejo de la tribu me ha dado su permiso, sería terrible tener que decirles que no me dejan ponerlo en práctica.
– No seas pesimista, hija. Si pensaran desestimar tu propuesta, no te habrían citado.
– Tienes razón -replicó Alex, mordiéndose el labio inferior-. Te agradezco tu apoyo, mamá. Te llamaré más tarde para contarte cómo me ha ido. Un beso.
Diez minutos después, Alex entraba por la puerta de la oficina del parque nacional de Yosemite. Sin pasar por recepción, se fue directamente al despacho de Thompson.
– ¡Hola! Alex Harcourt, ¿verdad? Yo soy Diane Lewis -dijo la ayudante muy sonriente, con un acento afroamericano que le resultó a Alex muy agradable.
– Encantada de conocerte -replicó ella, estrechándole la mano.
– El ranger Thompson te ha concertado una entrevista con el jefe Rossiter. Tengo que decirte que me impresionó tu proyecto. Me pareció brillante.
– Gracias -replicó Alex complacida.
– Tienes que volver al vestíbulo y tomar el otro pasillo. El despacho de Rossiter es la segunda puerta a mano izquierda.
– No te preocupes, lo encontraré. Hasta luego.
Conforme se acercaba al despacho se iba sintiendo cada vez más emocionada y nerviosa.
Trató de serenarse.
– Me gusta tu nuevo peinado, Alex -le dijo Beth, la secretaria de Vance, nada más verla entrar.
