
– Gracias, papá -dijo ella, sacando su currículum del sobre que contenía también la propuesta de su proyecto-. Échale un vistazo y dime qué te parece. ¿Será suficiente para impresionar al jefe Rossiter?
John lo examinó cuidadosamente.
– Es brillante, propio de una persona de grandes cualidades e iniciativas. Aunque, por supuesto, Rossiter te conoce más que suficiente como para no necesitar leerlo.
– ¿Pero? -dijo ella, creyendo percibir algún tipo de reserva en su voz.
Su padre se recostó en la silla giratoria y se quitó las gafas.
– Sé el interés que tienes por el proyecto de Hearth & Home, pero sé también lo enamorada que estabas de Cal Hollis.
– Cal era un ranger del parque y te salvó la vida, papá.
– La verdad es que al final todo se quedó en una simple indigestión, no en un infarto.
– En ese momento, nadie lo sabía. Y sí, tienes razón, creo que me comporté como la mayoría de las chicas. Todas veíamos en Cal a un héroe digno de admiración.
En realidad, había habido algo más que eso. En marzo del año anterior, ella había ido allí a buscarle y se había puesto en evidencia. Cuando, dos meses después, en mayo, había vuelto al parque, no había sido capaz de encontrarlo y había supuesto que se había escondido de ella a propósito. Fue una experiencia realmente humillante.
– Bueno, ahora tienes ya casi veintisiete años. Es hora de que dejes a un lado tus fantasías de adolescente.
– Hace tiempo que las he dejado, papá -afirmó ella.
Había pasado ya más de un año desde que había puesto los ojos en Cal. No podía haber nada más patético que ver a la caprichosa hija de un exsenador echándose en los brazos de un ranger. Había estado engañándose a sí misma durante años, diciéndose que Cal estaba interesado por ella. Ahora, si tenía la oportunidad de trabajar en el parque durante el verano, les demostraría a todos que no quedaba en ella el menor rastro de aquellas fantasías románticas.
