– ¿Cómo le conoció? -le pregunté.

No utilizaba su nombre ni decía señor Norton porque las dos mujeres habían evitado mencionarlo, como si no existiera ningún otro hombre y se supiera de quién se estaba hablando.

– No, en ocasiones nos citábamos en un hotel.

Esto me sorprendió.

– ¿Hace algo dentro del círculo del apartamento que no haga en ningún otro lugar?

Se sonrojó completamente.

– Es el único sitio al que lleva otros hombres.

– ¿Otros hombres para que tengan relaciones sexuales con él? -pregunté.

Negó con la cabeza.

– No, conmigo.

Nos miró, como esperando un grito de horror. O que la llamásemos puta. Lo que vio la tranquilizó. Todos sabíamos poner cara de circunstancias cuando lo necesitábamos. Por lo demás, el sexo en grupo parecía poca cosa después de saber que mostraba a su mujer fotos de las amantes y le explicaba los detalles. Esto era nuevo. El sexo en grupo había existido mucho antes que las cámaras Polaroid.

– ¿Eran siempre los mismos hombres? -preguntó Jeremy.

Negó con la cabeza.

– No, pero todos se conocían. Quiero decir que no era como sui invitara al primero que pasaba por la calle.

Sonaba como si se defendiera, como si eso hubiese sido mucho peor.

– ¿Hubo algunas repeticiones? -preguntó Jeremy.

– Hubo tres hombres que vi en más de una ocasión.

– ¿Conoce sus nombres?

– Sólo sus nombres de pila: Liam, Donald y Brendan.

Parecía estar muy segura de los nombres.

– ¿Cuántas veces vio usted a estos tres hombres?

Rehusaba mirarnos a los ojos.



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